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lunes, 28 de enero de 2013

Cuentos.. ¿de hadas?


Desde pequeñas, nacemos con las películas de Disney dónde todo es perfecto, dónde todas las princesas tienen su príncipe y todo es ideal.



Da igual el tipo de princesa:

-  Cenicienta: problemas en casa y con el autoestima por los suelos
-  Blancanieves: una enemiga que la hace la vida imposible
-  La Bella Durmiente: sufre por un pasado del que no tiene culpa pero que la robado vivir muchas cosas
-  Pocahontas: fuera de lugar, intenta buscar un sitio en un mundo donde no se identifica
-  La sirenita: luchar contra lo que se es, para poder ser feliz
-  Jazmín: encerrada y obligada a cumplir unas obligaciones que ella no desea hacer

Todas terminan felices, con un príncipe que soluciona sus problemas de una forma romántica, caballeresca, con mucho amor, y son felices

Con esas ideas vamos creciendo, pensando que tengamos los problemas que tengamos llegara alguien que nos haga superar todo eso, de una manera perfecta y que seremos felices, da igual si nuestra madrastra no nos aguanta, si vivimos constantemente obligadas a cumplir con unas expectativas por parte de nuestros padres, en fin, un sin fin de problemas.

Y crecemos y cuando vemos que Disney se nos queda corto, aparece Federico Moccia, dibujando historias de nuestro tiempo, historias de “personas reales” de gente normal y nos sentimos que quizás podremos tener a ese príncipe aun no teniendo castillo y que puede venir andando o en coche, en vez de a caballo.

Nos creemos cuentos de hadas… quizás no haya príncipes ya, porque tampoco hay princesas, quizás no haya esperanza cuando vivimos sin fe, todo lo podemos asociar a la idea de soñar con algo perfecto, pero cometemos el error de vivir pensando que esas cosas pasan, mejor dicho, cometemos el error de pensar que todo va a ser perfecto como en esos cuentos y relatos, no hay nada mas perfecto que la imperfección.

¿Debemos dejar de pensar en el príncipe azul, debemos dejar de creernos princesas?, Sabemos que nadie llegará para llenar todos nuestros espacios vacíos, nadie va a defendernos como si fuera su vida en ello, nadie nos va a dar un para siempre, porque nada dura para siempre; encontraremos alguien que nos complete, que nos de su mano en los malos momentos, alguien que intente hacernos feliz, pero nunca encontraremos a alguien que nos de todo lo que queremos, o todo lo que necesitamos en todos los momentos, al igual que nosotros no seremos esa perfección para nadie.

Las bonitas historias pasan, el destino a veces crea momentos mágicos, pero nosotros, los personajes de esas historias, de nuestras historias, somos reales, con defectos y virtudes…. ¿acaso os creéis que los príncipes y las princesas nunca discutieron, o que no se hubieran divorciado o se les hubiera acabado el amor? Pero en esos cuentos, en esas historias solo vemos en el fin el inicio de algo… y todos sabemos que los comienzos siempre son bonitos, que lo duro y donde hay que luchar, pelear y demostrar es en el día a día.

No hay historia mas bonita, ni cuento mas hermoso, que el que nosotros vivamos…donde nosotros seamos los protagonistas de la historia de nuestras vidas.

^Esther^

viernes, 25 de enero de 2013

Valorar la vida

Hace mucho que no escribo en el blog, y hoy lo voy a utilizar como medio para desahogarme, ya que para eso está, ¿no?
Hará un par de semanas una persona a la cual consideraba allegada a mí, me dijo que iba a terminar con su vida, y aunque afortunadamente no lo llevó a cabo, creo que desde ahí no levanto cabeza. Porque me corroe el sentimiento de culpa, y porque por desgracia, ya sé lo que es que una persona a la que conoces, de buenas a primeras se quite la vida, y me ha hecho revivirlo.
Sé que siempre tenemos malas situaciones, y que podrían ir mejor:
gente en paro, gastos que con los sueldos que hoy en día hay pueden cubrirse a duras penas, personas que no terminan de dar con la persona que esperan, y un largo etcétera, ya que simplemente he enumerado las más comunes.
Pero estas situaciones, a las que lo más fácil es compadecerse de uno mismo, hay que plantarles cara y seguir luchando por salir adelante. Es difícil, y muchas veces estas situaciones hacen que no se tengan ganas ni de levantarse de la cama, pero hay que aceptar el reto que nos pone la vida, porque al fin y al cabo, las cosas malas hay que tomárselas así, como retos a los que nos enfrentamos para salir fortalecidos de ellos, y seguir adelante rodeándonos de familiares y amigos, que son lo que realmente importan, ya que nos demuestran a diario su cariño y lo valiosos que somos para ellos, y nos ayudan a ver que por tanto malo que podamos tener, también hay cosas maravillosas que nos suceden, a las que muchas veces no se les da importancia porque nos obcecamos con las malas.
Yo no me considero ningún ejemplo, porque creo que cada uno tiene sus problemas en mayor o menor grado, pero pienso que la vida me ha hecho enfrentarme a cosas que aunque me hayan hecho sufrir, me han servido para aprender grandes lecciones, y que como diría Diego Torres en su canción Sueños, "la vida por todo lo bueno algo bueno te da" 
Creo que nunca se debe de jugar con lo de "me voy a quitar la vida" porque preocupamos a las personas que nos quieren y les hacemos sufrir. Debemos aprender a valorar todo lo bueno que tenemos, porque son las mejores armas para combatir las malas.
Aprender de ese primer rayo de sol que nos da el día, a esa sonrisa que nos provoca tomar un simple café con un amigo, a alegrarnos porque las personas a las que queremos estan sanas y son felices.
Los días que peor estoy pienso en mis primos pequeños, en lo felices que son, y en como solo por verme ya sonrien y vienen corriendo a abrazarme, y en como son capaces con un solo gesto en sacarme la mayor de las sonrisas.
Siento si os he aburrido con esta reflexión, pero necesitaba sacarlo todo, y decir que todo es circunstancial, y que podemos con todo, que la vida es muy bonita simplemente por tener la oportunidad de vivirla, y que debemos cuidar todo lo bonito que tenemos para que todo eso no se vaya y seguir disfrutando de ello por mucho tiempo.
Vir Gavilán Mendes-Cardoso

martes, 22 de enero de 2013

Sombras


Me acordé de aquella frase de Alejandro Dolina que leí hace unos meses y decía: “Somos simples sombras que nacen y mueren porque sí". ¿Así somos nosotros? Quizás para las personas que un día somos luz, mañana seremos sombra.

La sombra es como ser el recuerdo de alguien. Como cuando vas por la calle y ves a ese chico reír con la música y te viene a la cabeza la imagen de ese amigo que hace años no ves. Como cuando duermes y sueñas con esa persona especial. Despiertas oliendo a él. Deseas que esté a tu lado. Sin embargo, cuando tus ojos se abren, ni rastro. Su imagen ha quedado atrapada en la sombra del sueño.



Las sombras son recuerdos. Esas pequeñas figuras oscuras que deja nuestra estela. Somos una parte de la huella que dejamos en los demás. Así como ellos son una parte de la huella que dejan en nosotros.

Nunca he tenido miedo de ser sombra. Siempre me ha hecho sentir orgullosa la idea de que alguien, al recordarme, sonriera o rememorara un instante vivido junto a mí. Hoy soy yo quien convive con miles de sombras en la cabeza, retales de mi vida. Fotos a contraluz...

Ojala mi sombra se cuele por la ventana de quienes me conocieron en aquellos momentos en que fui luz. Cuando fui faro y les alumbré para que llegaran a mi orilla. Cuando fui fuego y calenté su alma...

Las sombras tienen su parte buena y es que siempre quedan. Y con ellas el recuerdo de lo vivido. Una cuerda invisible que rodea a todos los que forman parte de nuestro universo.

Bueno, malo, qué más da. Todo ayuda a crecer. Tanto lágrimas como sonrisas nos hacen alcanzar la madurez. En definitiva, es la suma de nuestras experiencias la que necesitamos en esos días de sombras.

^Esther^


miércoles, 16 de enero de 2013

Colecta por amor


El amor es como una cesta que se sujeta entre las manos de dos personas, las nuestras y las de la persona que queremos. Y en ella vamos depositando miles de recuerdos, momentos, caricias, palabras, acciones, miedos, inseguridades…

Hay cosas que son más livianas, más ligeras y que no aportan peso a la cesta pero sí sumarán en toda su esencia. Es fácil y sencillo llenarnos de buenos recuerdos. Impregnarnos de momentos felices vividos al lado de esa persona. Esas cosas que nos hacen volar pero que no nos cargan de peso. De las que nos gustaría llenar miles y miles de cestas y de las que nunca nos sacian.

Pero como todo lado bueno, la cesta también pesa cuando la cargamos con inseguridades, miedos, discusiones o recuerdos no tan gratos. Ahí es cuando si la fuerza no se da por los dos lados, una de las partes soportará más carga que otra. Y eso no suele durar mucho tiempo, porque una de las partes se cansará de soportar todo el peso y nuestra colecta de amor se volcará.

Es tan importante saber vivir con lo bueno, como con lo malo que toda persona tiene. No es cuestión de ser mas fuerte o mas débil, es cuestión de ganas, de ser capaces de soportar juntos el peso. Nadie es perfecto. Pero, quizás, no sea la perfección lo que buscamos en la otra persona, si no que nos haga sentir perfectas en este mundo imperfecto.

Todo detalle marca diferencia, pero no todo detalle debe ser decisivo en una decisión.  Valoramos más lo malo que nos hagan, digan o sintamos porque nos hiere mucho más. Nos marca mucho más, pero… ¿Qué pasa con los buenos momentos? ¿Qué pasa con esos detalles que están en la cesta aunque no notemos su peso? Deben contar por igual aunque ésos no sean una carga. Aunque no notemos su peso, deben tener la misma importancia, por lo menos deben ser dignos de formar parte de la decisión que tomemos o del modo en que pensemos de esa persona.

Nada hay perfecto en la vida, solo nosotros decidimos qué lo es y qué no. ¿Acaso una flor sin un pétalo es menos perfecta que otra que los tenga todos?  ¿O es más perfecto un día de sol, que un día nublado o lluvioso? ¿Verdad qué no? ¿Qué sería de esos días nublados y lluviosos de invierno que compartimos una película, un sofá y una manta con esa persona que queremos? ¿O de esos días de sol que disfrutamos riendo con un amigo sentados en un parque?

Yo estoy llena de defectos, de imperfecciones, de cosas malas que pesarán en esa cesta y de cosas buenas que pueden no pesar, pero no busco alguien perfecto que solo me aporte buenos momentos, busco alguien que me complete, alguien que sea capaz de soportar la carga de lo malo y capaz de soportar la carga de lo bueno…. Eso busco yo.

No es solo aplicable al amor, es aplicable a todo: a la amistad, a la familia... Nos pasamos la vida soportando cargas sin valorar esos momentos que, aún en nuestra cesta, no nos pesan. Sin embargo, no tienen la misma importancia porque no cargamos con ellos. Pero están. Los tenemos y debemos pararnos de vez en cuando a mirar la cesta. Mirar lo que llevamos andado y vivido. Y sonreír, cargar pilas, respirar y volver a coger nuestra cesta con más fuerza y ganas que nunca.

Tengo la cesta. Me faltas tú. ¿Con qué empezamos nuestra colecta?


^Esther^


viernes, 4 de enero de 2013

Miedo


Miedo, es fácil entenderlo cuando nos sucede, pero es difícil de tolerar cuando ese miedo es de alguien a quien queremos y no llegamos a comprender. 


Detrás de toda forma de protegerse siempre hay alguna cercanía a atacar, a sentirse dolido, a sentirse vulnerable y esto es en ocasiones lo que provoca la situación de escudarse. 

Pero ¿que pasa cuando nuestro miedo viene provocado por nosotros mismos?, ¿qué pasa cuando nos protegemos de lo que sentimos del miedo a una ilusión? 
A veces entre los miedos tomamos decisiones duras y difíciles, tenemos esa frialdad que solo sacamos cuando nos sentimos muertos de miedo y nos separamos de los nuestros, nos acurrucamos a nuestra soledad intentando que ella alivié todos los miedos que nos acaban de devorar. 


Hay muchos tipos de miedos, y muchas formas de superarlos, pero muchos miedos nos bloquean y actuamos sin ser consecuente a nuestros actos. 


Cuando alguien a tenido miedo a mi alrededor siempre e intentado ser la palabra que necesitaba escuchar, el cariño que necesita alguien que confiesa estar muerto de miedo en un rincón, eso necesita alguien que esta asustado, no infundir dudas, actuar, demostrar, hacerle ver capaz de sentirse seguro; pero eso como todo...depende de cada uno.

Pero el peor miedo para mi, es el miedo a uno mismo, el miedo a sentir tu corazón, el miedo a apagar las luces y quedarte en tu oscuridad, en tu soledad y escuchar todo lo que tu cabeza te dice y todo lo que tu corazón te transmite, ¿hay mayor miedo que escucharse a uno mismo, y que ser capaz de aceptar que quizás necesites cosas, personas o momentos de los que creías estar "salvada"?  


Me considero fuerte y valiente, pero soy consciente que mi interior esta lleno de miedo, y es un sin sentido, tengo miedo a lo que más deseo, tengo miedo a lo que más feliz me haría, pero en resumen creo que mi miedo es a que el único pedazo de mi corazón que me queda se parta, se rompa y entonces...no me quede nada, solo frío, solo dureza, solo inviernos en mi interior.  

Sentirse vulnerable a alguien, sentir que alguien es capaz de acurrucar a tu corazón cuando lo necesites, sentir que dependes de alguien para que tu sonrisa sea más fuerte, sentir que necesitas a esa persona para contarle tus sonrisas o para que te limpie tus lágrimas.... Lo más bonito, lo más grande que se puede tener, lo que más deseo y lo que más miedo me da.  

Estoy llena de miedos, quizás porque e vivido tanto en oscuridad que me da miedo la luz de lo desconocido, porque me da miedo ver los retales de la felicidad que un día disfrute y sentir que puede volver a fallar todo. Es cierto que quien no arriesga no gana, pero ¿se puede ganar cuando no tienes nada que apostar?.  

Esto lo siento desde mi lado, pero si me pongo en el lugar de la persona que comparta eso conmigo, yo no me veo necesaria, no me veo capaz de hacer feliz a alguien, de ser lo que alguien necesite, y no hay sensación que más odie que la de la desilusión o decepción, yo no quiero ser eso para nadie, y menos para la persona que consiga que me quiera.  

Quizás tengan razón y no deba proteger a nadie de mi, pero ¿quien mejor que uno mismo para darse a conocer, para decir lo que no deben esperar de nosotros, en definitiva, quien mejor que nosotros para hacerle ver a alguien que no somos lo que cree?. 






Igual tiene razón, aquel que hace poco me dijo "Eres un ángel con un ala rota, y necesitas de alguien que te ayude a volar, pero no te crees capaz de conseguirlo y aun menos capaz de pedirlo"


^Esther^

martes, 1 de enero de 2013

Valorar…¿a tiempo?


“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde” con esto del nuevo comienzo de año, muchas son las personas que han aparecido en nuestra vida esa ultima noche, algunas para llenarnos de ilusión y otras para remover un pasado que creíamos olvidado.
La ultima noche del año, parece que se a convertido en una noche donde decir todo aquello que no han dicho antes para pasar al nuevo año ¿mejor?, pero toda acción, tiene una reacción.

Y algunos mensajes recibidos, de los que me han removido, me han dado mucho que pensar… ¿Solo valoramos lo que tenemos, cuando no lo tenemos? Si… eso creo. Te da que pensar cuando descubres con el paso del tiempo que aquellas personas que compartieron tu vida en un pasado, tenían guardadas todas las palabras que necesitaste en ese momento, pero que ahora después de tiempo y fuera de contexto no sirven… ¿o si? Si sirven si te remueven, si te das cuenta de que fuiste lo que no creíste ser, de que quizás no fuiste tan culpable y de que aquella persona si que pensaba lo que nunca dijo. Pero ¿que pasa con el presente? ¿Cómo debemos actuar cuando obtenemos lo que quisimos en un día y que ya habíamos olvidado?, me siento halagada, y siento lo que debía haber sentido en el momento adecuado, pero también me siento extraña, y fuera de lugar.

¿Cómo sabemos si nos valoran las personas que están en nuestra vida? Yo simplemente pienso, que si alguien no nos valora, no nos tendría en su día a día, que cuando estamos en la vida de alguien y alguien nos quiere ahí, es porque nos valora, es porque aprecia nuestra presencia, nuestra forma o porque le aportamos sonrisas.

Pero casi siempre he experimentado todo lo contrario, e recibido palabras, esfuerzos y ganas, de personas de mi pasado una vez que me han perdido, he recibido su cariño, o sus palabras que tanto necesitaba en el día a día cuando ya no estaban en mi vida, y es llegado a ese punto donde me pregunto, ¿Qué hago mal? ¿Por qué se me valora cuando no me tienen?

Yo aprendí con eso a no hacerlo a los que quiero, aprendí a valorar lo bueno y lo malo, la presencia y la falta que me hacen las personas de mi vida, intento decírselo todos los días, recordárselo y que sientan la importancia que tienen en mi vida,

Valorar lo que tenemos a tiempo antes de perderlo es fácil, lo mas importante es tener ganas de no perderlo, poner ilusión y esfuerzo, como cuando tenemos una planta, (es imposible que crezca si no la regamos si no la damos el sol y la aportación que el agua necesita para crecer), con las personas sucede lo mismo, con las relaciones (familia, amor, amistad)  es igual, creo que lo mas difícil no es valorar si no concienciarnos que todo lo tenemos que cuidar y que ese cuidado requiere tiempo, esfuerzo y a veces sacrificio, y algunas veces valdrá la pena y conservaremos lo que tanto queremos, y otras aun hecho todo lo posible lo perderemos, pero es mejor saber que hemos dado todo de nosotros, que hicimos todo por hacer feliz a esa persona, que quedarnos con la sensación amarga de haber perdido a quien queríamos por no habernos parado a mirar a nuestro alrededor y a la persona que tenemos al lado.

Hace unos meses, un amigo me dijo, ¿No tienes miedo de perder a los que te importan? Claro que lo tengo, pero sé que solo se podrán ir de mi lado si la vida me los quita, pero si yo lucho, me esfuerzo y los valoro, no los perderé si ellos no quieren. Otra cosa es diferente si son ellos quienes quieren marcharse, en ese caso, aunque me quede con el corazón en la mano en mil pedazos, solo puedo abrir la puerta y ver como se marcha, al fin y al cabo no podemos retener a aquellos que no quieren quedarse con nosotros.

Reconozco que no suelo dar muchas oportunidades a quienes me hieren una vez, a quienes me hieren de verdad, pero he dado muchas segundas oportunidades y no me arrepiento, porque hay gente que se las merece y que luchan para enmendar sus errores, y ahora yo me pregunto… ¿el pasado es pasado, cuando entra de lleno en tu presente?, ¿Qué debemos hacer cuando algo se acaba y con el paso del tiempo descubres que eso siempre estuvo vivo pero que nunca llego a tiempo donde debía?

E aquí la importancia de decir lo que sentimos a tiempo, la importancia de demostrar a los nuestros que los queremos, la importancia de saber que un minuto de nuestro tiempo puede hacer que una persona sonría y que su corazón se ilusione, quizás de eso peco muchísimo y el no dejar nada en el tintero hace que muchas veces nos expongamos de tal modo que demos a quien nos quiere herir la mejor diana posible, pero otras veces eso mismo hace que nos acerquemos mas a los nuestros.


^Esther^

formas de ligar de los 2000, capitulo 2: bienvenidos al mundo ciber-cromañón

He decidido titular así esta entrada porque más o menos tiene que ver con el tema del que os hablaba el otro día: las tácticas que hoy en día usa la gente para ligar.
Hace unos años, un ordenador era un artículo de lujo, que sólo se encontraba en oficinas como utensilio de trabajo, y aquella persona que conseguía tener un ordenador en casa era un afortunado.
A día de hoy, ya es rara la persona que no tiene un ordenador portátil, o un iPad, o incluso un smartphone.
En los 90, el que tenía un ordenador en casa lo utilizaba para hacer algún trabajo, o para jugar a alguno de los juegos que venían instalados en el sistema. Pero a mediados- finales de esa década, la cosa empezó a avanzar a pasos agigantados. Nos empezamos a familiarizar con internet, y de ahí con los chats. La primera forma que hubo de hablar con gente a la que no habías visto en tu vida.
Recuerdo que siempre me metía en los chats temáticos de deportes, y aun así siempre recibía mensajes de algún "romántico" que decía:
- ¿Cuales son tus medidas? ¿Quieres quedar para follar?
Yo no tendría más de 16 ó 17 años, pero aún así me quedaba asombrada como cada vez iban apareciendo más "ciber-cromañones", que con una facilidad pasmosa eran capaces de decirle a gente que no conocían de nada, que les enseñaban una foto de su miembro, o cualquier guarrada esperando respuesta. Obviamente, yo en cuanto aparecían estas ventanas las cerraba mitad riendome por lo subrealista de la situación mitad sorprendida pensando en si alguien contestaría a estas personas.
Hoy en día la tecnología avanza, y no solo están los chats para conocer a gente, sino que están las redes sociales. A través de ellas, como dije en otra entrada he conocido grandes amigos, pero también sigo asombrándome por como otra gente que no me conoce de nada, su primer mensaje es un privado diciendo algo como:
- Joder! que buena estás, a ver cuando quedamos.
Otros que en el primer mensaje lo que dicen es un:
- Guapisima, dame tu whatsapp!
¿Realmente este tipo de gente piensa que van a tener respuesta? Por mi parte desde luego que no.
También me quedo asombrada como con una facilidad increible, una persona te dice que te quiere en dos dias, que se muere por ti, bla bla bla bla bla, pero luego compruebas que esas mismas cosas tan tiernas y sacadas de algún libro de poemas de Góngora o Cernuda, se lo dice a cuatro o cinco más.
Por tanto, ¿qué credibilidad tiene alguien que intenta ligar por internet? Para mí la puede tener, pero claro, previa demostración de estos hechos, porque detrás de una máquina, ya sea un mensaje de texto o un tweet, todos somos muy valientes para decir las cosas, pero luego también hay que tener el valor para demostrarlas.
A los ciber-cromañones, decirles que con sus frases "románticas" no se van a ligar ni a la más choni de la red, o al menos esa es mi opinión.
Un saludo, y por cierto, feliz 2013 a todos :D
Vir Gavilán Cardoso-Mendes

Mi estrella

Naciste un 4 de diciembre de 1931, en Madrid, en una familia de militar, rodeado de hermanos. En cuanto conociste a mi abuela, supiste que era ELLA. Supiste esperar pacientemente a que ella aceptara salir contigo después de que cumplieras el servicio militar. Desde que aceptó, solo te dedicaste a hacerla feliz. Tuvisteis tres hijos, y los tres coinciden en una cosa: que fuiste un gran padre. Y sólo dos nietos: mi hermano y yo.
Han pasado dieciséis años desde que te fuiste, porque estabas cansado de luchar en el hospital, y no pasa ni un solo momento en que no me acuerde de tí.
Recuerdo tus colonias: cuando yo era pequeña usabas Brummel y Agua Brava, y en los últimos años utilizabas una más fresca, Royal Ambree.
También recuerdo todas aquellas canciones tan divertidas que nos enseñabas a mi hermano y a mi, las cuales muchas veces, aún para recordarte.
No se me olvidará todo lo que he aprendido de tí, la de veces que me habrás reñido porque una palabra llevaba tilde y yo no la había puesto, como me enseñabas trucos para saber las reglas de acentuación, y como te mostrabas orgulloso de nosotros con cada cosa que hacíamos.
Pese a tu carácter serio, siempre fuiste todo bondad, y yo solo veía tus sonrisas.
Jamás salías a ningún sitio sino iba La Yaya contigo, y ella siempre estaba orgullosa de tí, al igual que tú de ella.
Recuerdo como cuando después de misa me sentaba contigo en el banco de debajo de tu portal para hacer crucigramas, y siempre me dejabas hacer las sopas de letras.
En los últimos años, cuando te detectaron el problema de los bronquios, tenías en casa la mascarilla de oxígeno, y pese a todo, nosotros siempre veíamos tu sonrisa y tu palabra amable hacia nosotros.
Aún así, me acuerdo como ayudabas en la cocina a picar la verdura, o preparabas pulpo a la vinagreta, o esas rosquillas que a mí me encantaban. ¡Nunca las olvidaré!
Fue aquel verano, en el que recuerdo que papá estaba en Santander, cuando te volvieron a ingresar en el Ramón y Cajal. Mamá y la yaya siempre estaban contigo, pero nosotros al ser pequeños, no nos llevaban tan a menudo y no eramos tan conscientes de como estabas en realidad, hasta que el 30 de agosto de aquel mismo verano te fuiste.
Desde entonces, y a medida que van pasando los años, sigo teniéndote muy presente. Siempre estás en mis triunfos, y en mis momentos malos eres al que recurro para pedir ayuda y que no me permitas tocar fondo.
Sé que eres mi estrella, mi ángel, y te doy las gracias cada día por seguir cuidando de mí y de la familia como lo haces. Sé que aunque pasen los años nunca te olvidaré y siempre seguiré teniendote presente. Y sé que si algún día tengo hijos, me encargaré de hablarles de su bisabuelo, al que tanto adoré, para que ellos también te conozcan y sepan lo importante que eres para mí.
Allá donde estés, ¡TE QUIERO ABUELO!
Vir Gavilán Cardoso-Mendes